Para quien ya opera su propia cuenta
Dibujas el stop en el gráfico y CANDY calcula el tamaño con el saldo, el cambio de divisa y el paso de lotes que le da tu bróker, con la comisión y la horquilla ya dentro. Y cuando le falta un dato para calcularlo, lo dice en vez de estimarlo.
Funciona con cTrader. Hoy no funciona con nada más.
Ejemplo, con las cifras que devuelve el cálculo de verdad. El objetivo va en precio, que es lo que calcula el servidor. «EJEMPLO» no es ningún instrumento real, y aquí no vas a ver los resultados de nadie.
Pinchas en el gráfico donde va tu stop y lo arrastras. La zona de riesgo se sombrea bajo las velas. Si prefieres teclear el nivel exacto, la casilla sigue ahí: es el mismo dato, no dos.
Cada vez que mueves la línea, el tamaño se recalcula en el servidor con tu cuenta delante. No hay una cifra para mirar y otra para ejecutar: el botón lleva escrito el verbo, el símbolo, los lotes y el riesgo. Y si todavía no has puesto el stop, el botón no enseña ningún número. Pone «Pon el stop para ver el tamaño».
El presupuesto sale de tu saldo, menos la comisión y menos la horquilla. Después el volumen se redondea a la baja al paso de lotes de tu bróker. Lo que queda de todo eso es el riesgo real, y es el que se enseña. Cuando el que pediste y el que entra no coinciden, la resta va debajo. No escondida.
Meter los costes dentro no es un matiz. Sobre un plan concreto: 214,50 € y 11 unidades con la comisión y la horquilla contadas, donde salían 234,00 € y 12 sin contarlas. Once por 19,50 de distancia hasta el stop son esos 214,50: la resta se puede rehacer a mano, que es de lo que va esto.
Y un stop es una orden, no una garantía. Va puesta en tu bróker desde el instante en que se abre la posición —dentro de la misma orden, no después— y aun así un hueco de precio se la salta: se sale por debajo y la pérdida es mayor que la cifra que llevaba escrita el botón. CANDY calcula lo que cuesta cada unidad de precio pasada del stop —en este plan, 11,00 €— y va escrito en la ficha, pegado al riesgo.
Ejemplo, con el cálculo de verdad.
El precio llega por la conexión viva y sale con su edad al lado. Pasados cinco segundos, la pantalla lo dice: «de hace 12 s».
El cambio de divisa se le pregunta a tu bróker. Uno de hace más de dos minutos no dimensiona nada, y una cifra que no parece un cambio se rechaza en vez de usarse: equivocarse en la escala de un precio multiplica el tamaño por cien mil, y eso no da un error — da un número con toda la pinta de bueno.
La misma regla en toda la aplicación: «no lo sé» y cero no son lo mismo. Un dato que falta no se rellena con un 0,00 €.
Ejemplo. Los dos números son idénticos a propósito: un tamaño simulado y uno real se ven exactamente igual, y por eso lo dice la etiqueta y no el tamaño de la letra.
El número que escribes a las nueve y el que te parecería razonable a las tres no son el mismo. CANDY solo conoce el primero.
Tú pones tu límite del día. Si lo bajas, entra en el acto. Si lo subes, la pantalla te lo dice antes de guardar: en vigor mañana.
Cuando lo alcanzas, CANDY deja de mandar órdenes nuevas de esa cuenta. Tu bróker te las sigue aceptando desde su propia plataforma: eso CANDY no lo para. Y hace falta leer entero lo que significa:
Lo que tengas abierto sigue abierto
Y sigue moviéndose. Cerrarlo es cosa tuya.
Salta una vez al día
Al saltar, CANDY deja de aceptar órdenes nuevas de esa cuenta hasta mañana. Si quitas la barrera a mano, el resto del día va sin ella: no vuelve a saltar hasta el corte siguiente.
Mide desde tu saldo del comienzo de tu día
En tu zona horaria. Si donde operas se mide desde el máximo alcanzado, esto no mide lo mismo.
Si no puede leer tu saldo, deja de medir
Y te lo dice. No se calla.
Y antes de cada operación, siempre —no solo cuando el número es feo— lees una línea:
Si salta este stop, la pérdida del día sería 86,29 €. Tu límite diario es 500,00 €.
Ejemplo. Dos cifras y ni una palabra más: no dice si es mucho, y no dice qué hacer.
Quitarlo también es tuyo. El límite se quita a mano, en dos pasos y con la cifra delante. El mismo día, y por la misma persona a la que estaba frenando. Es a propósito: no es un candado del que no tengas la llave, es tu regla, y las reglas de uno se cambian. Lo que no puedes es cambiarla sin enterarte.
Al pulsar, la respuesta es pedida. Hecha lo dice tu bróker, y hasta que lo diga, CANDY no lo dice. La clave de la orden se acuña al pulsar y se queda con ella: si hay que reintentar, es la misma orden, no una segunda.
Y si CANDY se cae con tu operación abierta, tu stop sigue donde estaba: se manda dentro de la misma orden que abre la posición, así que entre «la posición existe» y «la posición tiene stop» no hay ningún instante. Cerrar, mover el stop o pasar a punto muerto sí necesitan que CANDY esté en pie. El stop, no.
Son cinco estados, no tres. «En duda» existe porque hay un tercer final: pudo salir. Pintarla como «no salió» invita a pedirla otra vez encima de una posición que a lo mejor ya existe.
Ejemplo.
Cierras entero o la mitad, con el ratón o con una tecla. Pasas el stop a punto muerto con una tecla — y el punto lo calcula el servidor: donde salir no cuesta dinero, con la comisión contada, no la entrada pelada.
Cierras todo en dos gestos y con las cifras delante. Y antes te dice lo que no va a cerrar: «Tu bróker ve 2 posiciones más, abiertas fuera de CANDY: ésas no se cierran.»
Lo que todavía no hay, en el mismo sitio y con la misma letra: mover el stop de una operación abierta a un precio cualquiera desde la pantalla. Hoy solo se mueve al punto muerto. Cerrar por tercios y por cuartos está en el servidor y no tiene botón.
Cada operación cerrada guarda por qué acabó: objetivo, stop, asegurada o a mano. Las que no se pueden confirmar se enseñan aparte y no entran en ningún cálculo.
Y cada cifra dice sobre cuántas operaciones está calculada. Cuando no hay bastantes, sale eso en vez de una cifra bonita. Contar lo que ya pasó no necesita muestra; estimar, sí.
Si algún día preguntas por qué pasó algo en tu cuenta, quien te conteste no tira de memoria: hay un registro con los números con los que se decidió y la hora en la zona que tenía tu cuenta ese día. No todo deja apunte todavía, y cuando no consta, se dice que no consta — que no es lo mismo que decir que no pasó.
Ejemplo. La de la derecha es la que importa: cuando no hay muestra, no hay número.
Seamos claros
CANDY no está abierto. No hay registro público: las cuentas se abren a mano, de una en una. No se cobra nada y todavía no hay precio. No hay correos automáticos ni recuperación de contraseña.
Conectas tu cuenta desde cTrader, con tu propio usuario: el permiso lo das tú, eliges qué cuentas autorizas y lo quitas cuando quieras. Antes, CANDY te pide tu contraseña otra vez, para que una sesión robada no pueda atar una cuenta por ti.
Y lo importante: a 7 de septiembre de 2026, ninguna orden de CANDY ha llegado nunca a un bróker. Ni a uno real ni a una cuenta de demostración. Todo lo de arriba está hecho y ejercitado contra un bróker de mentira que contesta como el de verdad y escribe donde escribe el de verdad. Eso encontró ocho fallos, cinco de ellos del producto. Lo que demuestra es que la cadena construye la orden, la manda y traduce bien el fracaso — no que cTrader acepte lo que le mandamos. Lo siguiente es una cuenta de demostración.
Ningún bróker nos paga por traerte, y en esta página no hay ningún enlace para abrir cuenta en ninguno. El día que CANDY tenga precio, lo pagarás tú.
Te lo cuento aquí porque prefiero que lo sepas antes de conectar una cuenta, no después.
Esto no son advertencias escondidas al final. Es la otra mitad de la descripción, y va con el mismo tamaño de letra que la primera.
No hay contador que se acabe ni plazas que desaparezcan al recargar la página: hay un correo y una respuesta. Si ya operas, tienes cuenta en cTrader y lo primero que vas a hacer es comprobar mi número contra el tuyo, escríbeme.
Antes de conectar nada te cuento lo que no está terminado. Prefiero perder a alguien ahora que explicárselo con una cuenta conectada.